La imagen aparecía, intensa e incesante. Se movía. Danzas alguna vez bailadas, acomodarlas todas en pequeñas cajas, en habitaciones inalcanzables y que nadie las vea, tan perfectas, sus miradas. El viento me susurró algo al oído, algo como de un encuentro perfecto, con parlantes. Rodajas de un tiempo simple y natural donde los movimientos estaban vivos.
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